Preparan sanciones en Sedena tras el hackeo

Bajo Reserva

Preparan sanciones en Sedena tras el hackeo

Luis Cresencio Sandoval

Preparan sanciones en Sedena tras el hackeo
Octubre 10, 2022 20:37 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Luis Cresencio Sandoval › El Informador Analítico

En medio de la crisis por el hackeo masivo a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), al mando del general Luis Cresencio Sandoval, nos cuentan que empezará la repartición de culpas por la pérdida de millones de documentos clasificados del Ejército mexicano. En los pasillos de la dependencia, ubicada en Lomas de Sotelo, nos comentan, se rumora que pronto rodarán las primeras cabezas del personal a cargo de la ciberseguridad de las Fuerzas Armadas, que no contrarrestó a tiempo el ataque de los hackers de Guacamaya, para evitar la pérdida de información. Incluso, nos aseguran, los responsables podrían ser enjuiciados por la Fiscalía de Justicia Militar, por lo que, se dice en círculos militares, ya les están haciendo espacio en la prisión militar del Campo Militar 1-A, donde están presos los militares del caso Ayotzinapa y de la guerra contra el narcotráfico.

El programa espía ruso que tomó a la SRE por sorpresa

Nos cuentan que en la cancillería mexicana causó sorpresa la publicación en Moscú de que el gobierno de Vladimir Putin ratificó un acuerdo de cooperación con México porque en las notas de prensa se mencionó la posible instalación en territorio mexicano de sistemas Glonass, un programa satelital ruso de vigilancia que se usa para espiar y que opera en países como Nicaragua, Venezuela y Brasil. Nos hacen ver que el desmentido de Relaciones Exteriores se preparó a toda velocidad para aclarar que el acuerdo de cooperación pacífica que se firmó el año pasado con Rusia aún no ha sido ratificado en el Senado mexicano y, especialmente, que México no ha negociado instalar ese sistema satelital. Poco después la embajada rusa en nuestro país aclaró que para instalar estaciones Glonass las partes tendrían que negociar y firmar un ’acuerdo complementario’. El propio canciller Marcelo Ebrard publicó una carta interna para enfatizar que no está incluido ese punto en lo acordado. En medio de los hackeos a Sedena y las discrepancias comerciales con Estados Unidos, nos detallan que se prendieron focos rojos porque Washington considera ese programa es parte de la expansión de influencia política y de seguridad del régimen ruso en América Latina. A ver si llegaron las aclaraciones y a ver qué dice el Senado mexicano.

Curso intensivo para la secretaria de Educación

Nos cuentan que en la Secretaría de Educación Pública le están dando a su titular, Leticia Ramírez Amaya, un curso intensivo sobre los nuevos planes y programas de estudio para educación básica para que no se vaya a meter en aprietos durante la comparecencia que realizará el 28 de noviembre en la Cámara de Diputados, donde tendrá su primera prueba de fuego ante los legisladores. Se trata, nos comentan, de que la nueva secretaria tenga todas las respuestas y no le vuelva a suceder que no sepa que contestar como ocurrió en una entrevista televisiva, lo que le trajo críticas y memes al por mayor. La cercana colaboradora del presidente López Obrador desde hace décadas, se está aplicando para salir adelante en su nuevo encargo.
[9/10 12:33 PM] ay nanita: El gobierno de la República se enfrentará, en las próximas semanas, a una crisis creciente y continua que superará, con mucho, a cualquiera que hayan tenido que enfrentar sus predecesores.

El golpe parece asestado con precisión quirúrgica. El hackeo masivo a los documentos militares, y su revelación inicial a unos días del tercer aniversario del Culiacanazo, el próximo 17 de octubre, ejercerá una presión que podría poner en jaque al gobierno; la publicación del libro en el que —presuntamente— se detallan los manejos financieros que justificarían el título de El Rey del Cash, y que tendrá lugar justo al día siguiente —18 de octubre— podría terminar por dar el mate.

Lo que hemos visto es tan sólo la punta de un iceberg sumergido en la profundidad, inmensa y obscura, de un mar de 6 terabytes. El cóctel está servido, y es posible anticipar, desde ahora, la pesadilla que se avecina en las próximas semanas para un presidente enfermo tanto de salud como de poder, incapaz de escuchar a nadie y cuya angustia y agresividad sólo aumentará conforme se acerquen las fechas.

El presidente no sabe qué información fue sustraída y responde a la presión, por costumbre, con el estómago: los errores viscerales están, ya, a la vista. Por lo pronto, la información que se ha revelado —tanto en lo relativo al Culiacanazo como a la salud del mandatario— no contiene los elementos suficientes para un nuevo escándalo, de grandes dimensiones, pero en cambio constituye la prueba misma de la veracidad y el calibre de lo que podría estar por venir. El presidente, por cierto, tampoco sabe lo que contiene el libro, ni mucho menos si se relaciona con alguna de las filtraciones: lo único que sabe, en realidad, es que lo escribió alguien que lo conoce muy bien…
López Obrador aceptó, en un intento visceral de apagar el incendio, tanto el contenido como a la fuente de las filtraciones: en los hechos ha validado, de antemano y sin darse cuenta, cualquier información proveniente del mismo origen. Información que había sido resguardada tras la protección de un software que no tuvieron el cuidado de actualizar —a pesar de contar con todos los recursos a su alcance— y que podría poner en duda no sólo la credibilidad de un gobierno que se presume como honesto, sino también la honorabilidad de un Ejército en el que no todos, por cierto, están contentos.

*El Presidente ha reconocido la veracidad de la Guacamaya y, al hacerlo, se ha colocado en una situación de riesgo que no alcanza a comprender.* Es probable que ninguno de sus allegados más cercanos, que pudieran saber la dimensión real de las filtraciones, se haya atrevido a explicárselo en blanco y negro, por temor a las consecuencias tanto en la salud física, como mental, del amado líder: ante la posibilidad de un infarto que le lleve a los libros de historia, o de un exabrupto que le pudiera colocar la etiqueta de ’traidor a la patria’, ¿quién se atrevería a ser el mensajero de las malas noticias?

Estamos viviendo un parteaguas histórico, que marca el momento en que, quien ha sido el mandatario más poderoso de la era moderna, podría convertirse, en un parpadeo, en el más débil y vulnerable. El declive físico y mental será visible —y se pronunciará— en las próximas semanas, conforme se acerque el aniversario del Culiacanazo y las filtraciones empiecen a fluir; conforme se acerque la presentación del libro y se desnuden, poco a poco nuevas verdades. ¿Hasta dónde podrá llegar el presidente, tratando de desviar la atención? ¿Hasta cuándo se lo permitirá el corazón?

El juego ya cambió, y el sexenio se acabó en los hechos. La narrativa oficial ha terminado —por fin— y el Presidente ahora tendrá que defenderse no sólo de sus adversarios, que cada vez le perderán más el miedo, sino de sus propios aliados, cuando empiecen a reconocer que el poder, en verdad, enloquece.

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